viernes, 10 de enero de 2020

ABRIR LA VENTANA O CERRAR EL CORAZÓN

Era una noche de uno de los días festivos de fin y principio de año que recién acabamos de pasar. Estos días fueron especiales, en los cuales compartí un tiempo muy lindo con algunos amigos del Colegio y obvio muchos momentos lindos con mi familia y hermanos de la Iglesia. Pienso que usted que lee estas líneas muy probablemente en este momento recuerda también esos momentos lindos que compartió en Navidad y en el fin y principio de año.
Una noche, cuando nos dirigíamos precisamente a una de las actividades que teníamos programadas, llegamos a un cruce muy cerca de nuestra casa y el semáforo se puso en rojo. Al mirar hacia mi izquierda, miré el rostro de un anciano - un hombre muy mayor a mi parecer - quien estaba precisamente en ese punto esperando que la luz se pusiera en rojo para solicitar alguna ayuda.
Yo llevaba mi ventana cerrada, pero me fue imposible no abrirla y entablar una rápida conversación con este anciano. Su rostro reflejaba mucha tranquilidad y paz, aunque pensándolo bien puede ser que eso que yo percibí de esta manera en realidad no era más que resignación "por lo que la vida le trajo". ¿La vida le trajo? ¿No será que alguien o algunos más son responsables de la situación por la que está pasando ese anciano? Sí, probablemente usted piense que estaba como estaba "porque él se lo buscó" o "porque lo tienen en total abandono", pero sea el que sea el motivo estaba allí en la calle cuando muchos estaban en la fiesta.
Lo primero que hice fue preguntarle "¿Dónde vive usted?", me contestó muy amablemente indicándome el lugar donde vive. No pude conversar más con él, la luz se puso en verde y tenía vehículos detrás del mío; tomé un pequeño monedero que uso en mi carro y vacié todo su contenido en sus manos; no sé si fue poco o mucho lo que le di, pero estoy seguro que no fue suficiente para saciar sus necesidades; pensándolo bien, este anciano necesita algo más que nuestro dinero...
Han pasado algunos días desde ese momento, pero el recuerdo de ese anciano sigue en mi mente. Pensaba en cuántas ventanas se mantienen cerradas ante la necesidad de muchos, y cuántas se abren; he pensado cuántos hasta aceleran para no tener que lidiar "con ese que pide". Toda la semana he pensado en esto: una ventana cerrada puede ser el reflejo de un corazón que también se cierra a la necesidad de otros; una ventana abierta puede ser lo mejor para compartir con otros como resultado de un corazón abierto.
Dios nos ha bendecido para bendecir a otros, no para juzgarlos. ¡Abre tu ventana!

sábado, 4 de enero de 2020

Pausas Forzadas

Vivimos días muy complicados, en donde pareciera que la gente no tiene tiempo para hacer lo que llamo "pausas forzadas". ¿Qué es una pausa forzada? No necesariamente me refiero a que llega algo a la vida que aparece abruptamente o que "nos cae encima" - aunque nadie duda que hay momentos y situaciones así - y que literalmente nos deja como congelados, sino más bien me refiero a que, como un acto pasivo y tranquilo de nuestra voluntad, tomamos una decisión y le decimos a nuestro yo interior "Voy a parar, es lo mejor que puedo hacer, lo necesito".

¿Esto es importante? ¡Claro que sí! Más de lo que algunos suponen. Esas pausas nos ayudan a respirar, a valorar, sirven para analizar y analizarnos, para conocer el entorno interno y externo.

Una premisa muy importante que debemos tener en cuenta: "Entre más conozco, mejor". ¿Verdad que tiene sentido? El conocer las circunstancias, las causas y efectos, los alcances y las posibles soluciones son insumos que nos ayudan a la hora de formarnos un correcto panorama y eso nos permite seguir en el camino que hemos tomado con mayor confianza y seguridad, incluso el hacer altos nos da el espacio para las reconsideraciones y cambios de dirección, algo que nos hará bien siempre y cuando nos sirva para lograr lo que nos hemos propuesto con la ayuda de Dios.

Nunca esté tan ocupado como para dejar de atender lo vital en su vida. Podemos vivir como máquinas, haciendo y haciendo sin analizar las cosas e incluso sin darle la valía que merecen otras áreas como la familia, la salud, nuestra vida espiritual y mi propia realización personal.

Le animo para que invierta de su tiempo para hacer estas pausas. ¿Qué tan frecuentemente debe hacerlas? Tanto como siente que debe, en realidad cuando le damos la importancia a esos espacios desarrollaremos la disciplina para incluirlas en nuestra agenda. No deje que la vida se le vaya de las manos, no pierda el control, aproveche y viva cada instante al máximo.

jueves, 2 de enero de 2020

UNA CORRECTA PERSPECTIVA

Cuando pensamos en lo que es la vida, no necesariamente vamos a coincidir en nuestras apreciaciones y opiniones ya que en mucho las mismas dependerán del momento que estamos pasando, de nuestra edad, de las vivencias que hemos tenido y de las expectativas o metas que nos hemos trazado. Aquí se cumple que "cada quien su propia historia" y siempre resulta interesante que en mucho esa historia que somos termina siendo un elemento que suma para formarnos un criterio ante determinados eventos o circunstancias.

Ser objetivos no siempre es fácil; por naturaleza somos muy propensos a ser influenciados por filosofías, ideas, opiniones, tradiciones y hasta imposiciones que aceptamos sin más ni más. Al respecto, recordemos que precisamente lo que nos diferencia del resto de la creación es esa capacidad de análisis, el raciocinio, la inteligencia, el poder de discriminar entre una cosa y otra a fin de elegir lo que ante nuestra percepción es correcto o no; Dios nos ha dado esa maravillosa capacidad y debemos aprovecharla para llegar a conclusiones y opiniones acertadas.

Deseo sugerirle algunas cosas que le pueden ayudar para llegar a conclusiones correctas y claras, mismas que le servirán para marcar un norte en su vida ante determinados eventos o circunstancias. Sin embargo, se hace necesaria una aclaración: no somos infalibles, por lo que por más que consideremos y analicemos las cosas con todo podemos equivocarnos en la resolución final, entonces en lo que consiste es en mitigar el riesgo al máximo y potenciar las decisiones correctas que tomemos.

  1. Ejerza su derecho de elegir. Hoy en día somos testigos de la manipulación de las masas, pero tenemos la opción de no ser uno más del conglomerado sino ser diferentes.
  2. Reconozca que no necesariamente debe aceptar lo que otros piensan. Leí por ahí que "Yo tengo mi opinión, usted tiene su opinión y está la opinión correcta", por lo que lo mejor es que sea muy cuidadoso a la hora de aceptar las cosas porque otros ya lo establecieron.
  3. Aprenda de la experiencia, tanto de la suya como la de los demás.
  4. Utilice todo el aprendizaje que tiene relacionado con el tema en cuestión, todo eso suma para llegar a una conclusión con sustento válido.
  5. Manténgase en su opinión y convicción hasta que se presente algo que lo haga entrar en un nuevo proceso de análisis y posible replanteamiento.
Asegúrese de tener la mayor cantidad de elementos a la mano para llegar a formarse una perspectiva correcta de la vida. Aproveche cada segundo como si fuera único, viviéndolo al máximo, disfrutando de la vida que Dios nos da.