Una noche, cuando nos dirigíamos precisamente a una de las actividades que teníamos programadas, llegamos a un cruce muy cerca de nuestra casa y el semáforo se puso en rojo. Al mirar hacia mi izquierda, miré el rostro de un anciano - un hombre muy mayor a mi parecer - quien estaba precisamente en ese punto esperando que la luz se pusiera en rojo para solicitar alguna ayuda.
Yo llevaba mi ventana cerrada, pero me fue imposible no abrirla y entablar una rápida conversación con este anciano. Su rostro reflejaba mucha tranquilidad y paz, aunque pensándolo bien puede ser que eso que yo percibí de esta manera en realidad no era más que resignación "por lo que la v
ida le trajo". ¿La vida le trajo? ¿No será que alguien o algunos más son responsables de la situación por la que está pasando ese anciano? Sí, probablemente usted piense que estaba como estaba "porque él se lo buscó" o "porque lo tienen en total abandono", pero sea el que sea el motivo estaba allí en la calle cuando muchos estaban en la fiesta.Lo primero que hice fue preguntarle "¿Dónde vive usted?", me contestó muy amablemente indicándome el lugar donde vive. No pude conversar más con él, la luz se puso en verde y tenía vehículos detrás del mío; tomé un pequeño monedero que uso en mi carro y vacié todo su contenido en sus manos; no sé si fue poco o mucho lo que le di, pero estoy seguro que no fue suficiente para saciar sus necesidades; pensándolo bien, este anciano necesita algo más que nuestro dinero...
Han pasado algunos días desde ese momento, pero el recuerdo de ese anciano sigue en mi mente. Pensaba en cuántas ventanas se mantienen cerradas ante la necesidad de muchos, y cuántas se abren; he pensado cuántos hasta aceleran para no tener que lidiar "con ese que pide". Toda la semana he pensado en esto: una ventana cerrada puede ser el reflejo de un corazón que también se cierra a la necesidad de otros; una ventana abierta puede ser lo mejor para compartir con otros como resultado de un corazón abierto.
Dios nos ha bendecido para bendecir a otros, no para juzgarlos. ¡Abre tu ventana!

